El
Foro Económico Mundial, también conocido como Foro de Davos, ha hecho, desde
hace algunos años, labor divulgativa acerca de las transformaciones que debe
atravesar la formación profesional para que los egresados de las instituciones
universitarias o técnicas estén preparados ante un mercado laboral cambiante y
competitivo.
El presidente ejecutivo esa organización, Klaus
Schwab, ha descrito la "cuarta revolución industrial" de acuerdo
con los cambios que nuevas tecnologías están generando en todos los modelos de
producción. Schwab afirma que la primera revolución industrial implementó agua
y vapor para mecanizar la producción; la segunda, electricidad para
masificarla; la tercera, informática para automatizarla; la cuarta, hoy en día, se
erige sobre los cimientos de las anteriores y se caracteriza por la fusión de
tecnologías que borran las líneas entre lo físico, lo digital y lo biológico.
¿De qué está hablando? Del internet de las cosas, transportes autónomos,
impresiones 3-D, nanotecnología, biotecnología, ciencia de materiales, nuevas
formas de producción y almacenamiento de energía, computación cuántica, macrodatos
(big data), inteligencia artificial y
más.
Se podría decir que esta es una era prometeica, en la
cual la humanidad toma de nuevo "el fuego de los dioses", que esta
vez es la información: infinita, disponible, plural. Para bien o para mal, las
tecnologías de la información y la comunicación (TIC) se funden cada vez más
con cada área de nuestras vidas, y a su mejor uso y aprovechamiento debe
orientarse la formación personal y profesional. Así las cosas, el Foro
Económico Mundial recomienda las siguientes características que debe poseer
cualquier sujeto para vivir exitosamente en el siglo XXI: alfabetización
literaria, numérica, científica, financiera, informática y cívica; competencias
de pensamiento crítico, creatividad, comunicación y colaboración; cualidades de
curiosidad, iniciativa, persistencia, liderazgo y consciencia social.
La
comunicación, el campo de las grandes transformaciones
Es justo decir que la comunicación siempre ha sido esencial
para la vida y la organización humana, esto lo han argumentado filósofos y
científicos sociales de distintas escuelas y tendencias de pensamiento, sin
embargo, en este siglo XXI la comunicación se establece como la práctica entre
todas las prácticas, la actividad que es transversal a todas las profesiones,
la conditio sine qua non de cualquier
proyecto. Si no comunica o no es comunicable, se reducen significativamente sus
posibilidades de éxito, impacto y trascendencia. ¿Por qué se afirma esto? Basta
con detallar lo que ocurre. Aquí un inventario breve:
·Aproximadamente hay 3 578 millones de
usuarios de internet, lo que representa casi la mitad de la población mundial,
según un estimado de la Unión
Internacional de Telecomunicaciones (UIT), agencia especializada de la
Organización de las Naciones Unidas
(ONU). Este indicador ha crecido año tras año. Seguirá aumentando.
·La UIT también estima que existen más de 7 700
millones de suscripciones a teléfonos móviles, casi tantos celulares como
personas en el globo.
·Calcula la UIT que hay 4 220 millones de
aparatos móviles (módems, tabletas, teléfonos inteligentes) con acceso a
internet. Este dato representa una tasa de 56,4 herramientas inalámbricamente conectadas
por cada 100 habitantes. La tasa crece a 97,1 en los países desarrollados y
desciende a 48,2 en los países en vías de desarrollo. ¿Conclusión? Desarrollo y
mayor conectividad están correlacionados.
·Youtube, el
portal más visitado del mundo después del buscador Google, clama tener mil
millones de usuarios y que estos, en conjunto, ven mil millones de horas de
video diariamente. Es un imperio audiovisual planetario de música, información
y opinión mantenido por la producción de los internautas.
·Para septiembre de 2017, de acuerdo con el portal
Statista,
Facebook tenía 2 061 millones de usuarios activos; Whatsapp, 1 300 millones;
Instagram, 700 millones; Twitter, 328 millones.
·¿Qué pasa en las redes sociales cada minuto
de todos los días? Esto lo respondió la compañía Smart
Insights a principios de 2017: 3,3 millones de publicaciones en Facebook,
3,8 millones de búsquedas en Google, 65 972 fotografías subidas a Instagram,
448 800 trinos en Twitter, 29 millones mensajes de WhatsApp, 500 horas de video
cargadas en Youtube.
·A principios de 2017, según información de la
agencia We
Are Social, 1,61 mil millones de personas son consideradas usuarios de
comercio electrónico. El portal de ventas Amazon se localiza entre los primeros
diez sitios más visitados del mundo según el medidor Alexa.
·Netflix,
el innovador servicio de televisión digital que conquista a las audiencias,
anunció que en 2017 sus suscriptores miraron aproximadamente 140 millones de
horas diarias de programas, y poco más de mil millones de horas semanales. El
visitante promedio de Netflix disfrutó 60 películas durante el transcurso del
año.
·Wordpress,
el sistema de gestión de contenidos que permite a cualquiera tener su página
web en pocos minutos, indica que más de 409 millones de sujetos visualizan mensualmente más
de 21 mil millones de páginas que usan este sistema. Por otra parte,
la compañía asegura que sus usuarios producen más de 84 millones de
publicaciones nuevas cada mes.
·Microsoft
destaca, en su sitio web, que los usuarios del servicio de videollamadas Skype
acumulan, diariamente, tres mil millones de minutos (50 millones de horas).
Asombroso, ¿verdad? A esto hay que sumarle las radios en
línea, todas las redes sociales que no han sido mencionadas, las páginas wiki,
foros, sitios de instituciones bancarias y gubernamentales, sistemas educativos
virtuales (universidades, institutos técnicos), y esto es solo la punta del
iceberg. ¡Ojo!, no se han mencionado otros usos comunicacionales cotidianos
como el correo electrónico (¿cuántos son enviados al día en el mundo?) y los
mensajes de texto por teléfono celular.
En resumen: el mundo está transformado por las
comunicaciones. Cada día las comunicaciones crecen en número de mensajes, en la participación de miles de millones de usuarios y en los efectos de estas prácticas en la sociedad.
Aproximación
científica a las TIC
Las extensiones tecnológicas del ser humano se han
naturalizado. Por ello se habla de nativos digitales: son los sujetos que han
nacido en estos entornos y que comprenden, por el uso y las experiencia, los
modos y posibilidades de la virtualidad. No obstante, el aprovechamiento óptimo
de estas herramientas solo se puede dar si el individuo cuenta con competencias
cognitivas que trascienden el mero ejercicio de la técnica. Saber qué decir es
tan importante como saber la manera de hacerlo. En otras palabras: la destreza
computacional y el acceso a un universo infinito de información no garantizan
desarrollo personal o colectivo. Esto lo sabe bien la Organización de
las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO, por
sus siglas en inglés), la cual promueve las sociedades del
conocimiento, que es el proyecto de dotar a los ciudadanos de recursos interpretativos que les permitan utilizar,
para mejorar sus vidas, toda la información que internet pone a su disposición.
De nada le sirve a un joven un smartphone
para ejercer y defender sus derechos si no conoce esos derechos, ningún efecto
tendrá el acceso gratuito en línea a los grandes clásicos de la literatura si ese joven no ha sido formado para la lectura profunda.
Es, aquí, posible establecer un puente entre la propuesta
del Foro Económico Mundial (competencias del siglo XXI), la orientación de la
UNESCO (sociedad del conocimiento) y el entorno tecnológico actual. Se llega a
la siguiente conclusión: cualquier persona, para prosperar y participar de la
sociedad global que sobre internet se levanta, tiene que tener una amplia
formación profesional y las habilidades para continuar formándose a la par que
evoluciona la tecnología. Eso sería lo deseable, quizá, lo indispensable.
La Universidad Católica Andrés Bello (UCAB) es un ejemplo
en la ejecución de estos conceptos. La teoría de aprendizaje con la que trabaja
la UCAB incluye las siguientes competencias elementales:
·Aprender a aprender con calidad: el
estudiante usa estrategias autónomamente para aumentar sus propios
conocimientos, habilidades y destrezas de acuerdo a los hallazgos científicos
más actualizados para ser competitivo en el mercado global.
·Aprender a convivir y a servir: el estudiante
trabaja con su entorno social y físico de manera reflexiva, ética y
comprometida para alcanzar el desarrollo personal y colectivo.
·Aprender a trabajar con el otro: el
estudiante interactúa con otros en circunstancias variadas y complejas para el
logro de metas grupales, y sabe adaptarse a la fluidez de roles y de
comunicaciones que posibilitan resultados satisfactorios.
·Aprender a interactuar en el contexto global: el
estudiante se integra a escenarios globales y se abre a distintas formas de
entender las realidades y, así, descubre
la riqueza y las oportunidades de crecimiento que esa pluralidad de
interpretaciones ofrece.
En esencia, lo que promueven la UCAB, el Foro de Davos y
la UNESCO es la formación de científicos. ¿Por qué decimos esto? El científico
es un sujeto que, principalmente, estudia un fenómeno natural o cultural y lo
explica e interpreta según un enfoque determinado, con el fin de que el
conocimiento que produzca sea beneficioso para sí y para otros. ¿No es eso un
profesional competente para el siglo XXI?
El método científico integra todas las habilidades que
hasta ahora se han expresado: explorar resultados de investigaciones previas fortalece
la autonomía del profesional, su pensamiento crítico, su curiosidad y la
lectura compleja de un fenómeno; cuando plantea preguntas de investigación y
trata de responderlas, ejercita su capacidad de resolver problemas y de
comprender el entorno físico o social; el desarrollo de una investigación lo empuja
al diálogo enriquecedor con otras perspectivas que cuestionarán sus pareceres y
lo llevarán a perfeccionar los conocimientos; el método científico acerca al profesional
al contexto global y le enseña que no puede cerrarse a los hallazgos y avances
de otras sociedades, porque puede quedar rezagado.
El
método científico, las TIC y el aprendizaje en comunicación
En nuestra materia de sociología de la comunicación, la
cual dictamos en la UCAB desde octubre de 2015, hemos implementado progresivamente
estrategias que permiten desarrollar las aptitudes necesarias para el
fructífero desenvolvimiento del futuro profesional. A continuación, mencionamos
algunas:
·Impulsamos el aprendizaje teórico. No hay
nada más práctico que una buena teoría que facilite la comprensión de un
fenómeno. En nuestro caso, usamos el libro Abordajes
y Períodos de la Teoría de la Comunicación, del boliviano Erick Torrico,
quien sintetiza décadas de investigaciones en comunicación desde la primera
mitad del siglo XX hasta nuestros días. Con la revisión histórica, los estudiantes descubren “objetos de estudio” en el campo de la comunicación que
quizá ni habían imaginado.
·Dialogamos de forma dinámica y divertida sobre los autores clásicos y actuales. ¿Cómo? Los estudiantes alimentan un canal de Youtube con videos que graban, en los cuales
explican los logros y aportes de distintos científicos. Esta práctica es valiosa
porque estimula diversas competencias: buscar, analizar y sintetizar
información; comunicar eficazmente de forma oral y escrita; ampliar
conocimientos sobre el área profesional; realizar investigación documental en
internet; producir resultados en distintos formatos (texto y audiovisual);
explorar la comunidad científica; reflexionar sobre sus propias conductas
comunicacionales a través de la mirada del autor estudiado; trabajar en equipo.
·Ejecutamos una investigación sobre el uso de
las TIC, desde el planteamiento del problema en una discusión en clase, la
creación del instrumento
de recolección de datos, el trabajo de campo para recoger la información,
la organización
colectiva de los datos en Google Drive, y la entrega de reportes que deben
respetar parámetros mínimos de una investigación
científica convencional. Las investigaciones suelen ser encuestas de
opinión realizadas a estudiantes de la UCAB por los integrantes del curso. En
el último ejercicio realizado en noviembre de 2017, 48 estudiantes de
sociología de la comunicación encuestaron a 720 de sus compañeros en el campus.
Cada encuesta tenía 12 preguntas y, al final, se produjeron 8 640 datos. Con
esta práctica se promueven varias competencias, pero quizá la más importante
sea la aproximación metódica, teóricamente sustentada y crítica al uso de las TIC,
que incluye la interpretación de datos y la revisión de antecedentes de
investigación en plataformas en línea (Google
Scholar o revistas especializadas como Comunicación del Centro Gumilla).
El
usuario-investigador de las TIC, ciudadano ejemplar
Como se ha visto, estamos en un escenario en el que las
comunicaciones hacen la vida mucho más compleja. Cada segundo, millones
de mensajes, clics, fotografías, audios y videos en todos los idiomas se
comparten y difunden en la red que llega a todas partes. Alguien podría decir
que solo basta con aventurarse y empezar a explorar en este profundo bosque para encontrar riquezas en él, pero los riesgos de perderse son demasiados:
noticias falsas, vigilancia y manipulación gubernamental, crímenes digitales,
usurpación de identidad en línea, acoso virtual, pérdida de recursos económicos y tiempo
en esfuerzos comunicacionales fútiles y, lo más peligroso, lecturas equivocadas
y limitadas de la realidad porque no se tienen las competencias para, primero,
distinguir el buen grano del que no lo es y, segundo, saber aprovechar ese grano, la buena
información, y convertirlo en alimento nutritivo, conocimiento.
Dicho eso, el buen usuario de las TIC, sea cual sea su
disciplina profesional, es un investigador y un científico, aunque él no lo
sepa. Este buen usuario-investigador es un hombre o mujer de cualquier edad,
que busca, analiza y filtra información para distribuirla y administrarla en
sus distintos círculos de influencia (familia, amigos, clientes, partido
político, comunidad municipal, grupo de interés en línea, etcétera), a la vez
que produce nuevos conocimientos con altos criterios de calidad y, para ello, verifica,
contrasta, interpreta y clasifica los datos que recibe de entornos físicos y
virtuales. Siempre está dispuesto al diálogo con quienes tienen opiniones diferentes y somete sus propias ideas al escrutinio de otros, todo para producir
el mayor bien posible.
Víctor Manuel Álvarez Riccio
Caracas, 1 de enero de 2018




