domingo, 26 de junio de 2016

Periodistas, estimuladores del pensamiento en medio de la complejidad






El periodismo no podría ser hoy en día una profesión más debatida en Venezuela. La discusión sobre este oficio se resalta este 27 de junio, cuando los periodistas celebran su día. 

Los políticos interpretan esta conmemoración de acuerdo a sus propias narrativas: el Gobierno da inicio al Congreso de la Patria, Capítulo Comunicaciones, para incentivar "la participación masiva de las diferentes bases de la revolución en las redes sociales"; la oposición resalta la importancia del trabajo de los periodistas en la lucha por un cambio político, porque con su esfuerzo se conocen los hechos que algunos prefieren ocultar. Asimismo, en todo el país organismos públicos y privados envían cartas de congratulación a los periodistas que han cubierto sus fuentes, y en algunas empresas preparan fiestas para agasajar a reporteros, entrevistadores, cronistas, redactores, fotógrafos y más. Ciertamente, la labor periodística no pasa desapercibida.

Por otro lado, organizaciones como el Colegio Nacional de Periodistas, el Instituto de Prensa y Sociedad, Espacio Público y las escuelas de Comunicación Social buscan crear consciencia sobre la importancia del periodismo para la democracia y denuncian los obstáculos que el periodismo ha enfrentado durante el Gobierno del ex presidente Hugo Chávez y, ahora, con el Gobierno de Nicolás Maduro. Se resaltan ataques recientes, algunos de alto impacto, contra periodistas, como la agresión a 19 reporteros que cubrieron una protesta por comida en la Avenida Fuerzas Armadas de Caracas el pasado 2 de Junio; aquella jornada dejó un testimonio gráfico significativo: una fotografía mostró a tres comunicadores en el suelo, amenazados por civiles ante la actitud pasiva de un Guardia Nacional.

¿Por qué el periodismo en Venezuela es debatido? ¿Por qué el Gobierno abre un capítulo Comunicaciones en su Congreso de la Patria? ¿A qué se deben las denuncias de agresiones a periodistas? El periodismo es constituyente y transformador de vínculos sociales y es un espacio de generación de sentido. Esto quiere decir que las informaciones, relatos e historias que se cuentan a través del periodismo en todas sus formas (impreso, radiofónico, televisivo y digital) se convierten en referencias para la comprensión de la realidad que tienen las personas, y a partir de allí se originan las prácticas sociales.

¿Cómo conoce la realidad y sus múltiples facetas un hombre? Observando su entorno y a través de los testimonios que otros le dan. Es evidente que ningún venezolano podría sin los medios de información saber lo que ocurre en las distintas regiones del país y tal vez ni siquiera en su ciudad.

El periodista debe advertir, entonces, que lo que cuente a los demás será fundamento de la visión de mundo de sus receptores. Afortunadamente el periodista no está solo en esa labor. Ahí están las organizaciones gremiales, las religiones, las universidades, las asociaciones civiles, los grupos culturales y más. En este nuevo siglo se añadió a la lista de productores de información el ciudadano común, a través de las redes sociales, hasta el punto de que más gente se informa en Internet con los millones de mensajes que comparten otros ciudadanos que utilizando los medios convencionales en manos de profesionales. 

En este escenario de complejidad, ¿para qué sirve el periodista? El reto ya no es solo buscar la información de una fuente específica, hacer las preguntas correctas para descubrir datos difíciles, verificar la confiabilidad de la fuente y, al final, presentar la historia de una forma comprensible y atractiva. Ahora el periodista debe ser un cartógrafo ágil en la red de comunicaciones sociales, y aportar, como un buen conversador, interpretaciones adecuadamente argumentadas. 

¿Por qué se dice esto? Porque información ya no falta (tal vez se tiene de más) y, en muchos casos, el periodista no es quien la produce, sino quien la compila y organiza. Es por eso que la labor periodística ya no está compuesta solo de las tareas clásicas descritas anteriormente (las cuales no deben abandonarse), sino que se hace necesario un ejercicio intelectual para interpretar la información que cada vez es más abundante, variada y fragmentada. A esto hay que añadir la nueva dimensión “glocal”, que obliga al periodista a entender a su sociedad dentro del mundo.

Con información filtrada y curada, e interpretaciones suficientemente argumentadas, el periodista se convierte en un guía que ayuda a la comprensión de los procesos sociales. ¿Se corre el riesgo de que los argumentos no sean buenos o falten informaciones relevantes? Está ahí otro reto del periodista contemporáneo, porque los ciudadanos comunes, conectados en red, muchas veces tienen mejores datos y pueden desarrollar sus propios argumentos, respondiendo así a la falla del profesional.

Valorado todo lo anterior, es comprensible que la comunicación y el periodismo estén sometidos a debate. En este país, donde varias narrativas buscan construir el sentido presente y futuro de toda la sociedad, y las mismas se presentan antagónicas, es labor del periodista aportar interpretaciones incluyentes e investigaciones con buen sustento para apoyar a los ciudadanos en el mejoramiento de su juicio crítico. Son los periodistas estimuladores del pensamiento libre, que no está encasillado en una sola manera de comprender los hechos. 

Ante la exigencia de responder a la complejidad, finalmente el periodista necesita reflexionar sobre los impactos que tiene su trabajo en las tensiones de la sociedad venezolana, tan conflictiva y dramática en tiempos recientes, sacudida por saqueos, falta de medicinas y alimentos, y una lucha política cuyo fin aún no se avizora.

¡Feliz día y ánimo, colegas periodistas!




Víctor Manuel Álvarez Riccio
Caracas, 27 de junio de 2016.
@AlvarezRiccio
Colegio Nacional de Periodistas N° 22.781



sábado, 16 de abril de 2016

Del perdón como decisión, sus matices y contradicciones



Para celebrar su 50 aniversario, el 12 de abril la Escuela de Filosofía de la Universidad Católica Andrés Bello desarrolló, junto al Instituto de Teología para Religiosos (ITER), la Escuela de Psicología, la Escuela de Derecho y la Maestría en Filosofía un evento que trató de un tema sensible para Venezuela: el perdón. La actividad incluyó cuatro disertaciones de expertos de distintas áreas. 



La perspectiva psicológica

            La psicóloga Ana Gabriela Pérez explicó que el tema del perdón es reciente en los estudios de la mente y que también son recientes las llamadas terapias del perdón. Estas terapias, dijo la doctora, pueden ser incongruentes con la visión tradicional del tratamiento psicológico que está libre de valores y de conceptos morales sobre lo que es bueno o malo, y esto representa un reto para quienes deseen ayudar en un consultorio psicológico a otros a perdonar.

            Por otro lado, Pérez advirtió que se presenta, al estimular el perdón como forma de sanación, la contradicción de quitar a la víctima su derecho al resarcimiento. ¿Qué no es el perdón? Para Pérez, el perdón no incluye la negación de los daños, ni el olvido, ni la justificación, ni la reconciliación si la víctima no la desea. ¿El perdón es la única vía para sanar una herida psicológica? Pérez expresó que el perdón es una decisión de las personas agredidas y que ellas están en libertad de buscar otras vías para superar sus traumas. La solución de los traumas significará que el rencor, la ira o la humillación no matizarán todos los aspectos de la vida de la persona, pero para esto no hace falta la reconciliación con el victimario.

            La doctora se refirió a las situaciones dramáticas de violencia y explicó que ese tipo de experiencias revelan a las personas "la verdad de que los hombres hieren" y que el azar "es el verdadero tutor de la vida", lo que rompe cualquier ilusión de seguridad y control. Ante esto, sugirió no estimular una fantasía del perdón o una fantasía del castigo como soluciones para la ruptura emocional de víctimas de experiencias dramáticas porque "imperdonable es el perdón antes de tiempo", antes de que la persona haya trabajado y explorado su trauma y sus heridas.

La perspectiva jurídica

            El profesor Tulio Álvarez habló sobre el papel del Estado en los procesos sociales de conflicto y reconciliación. "¿A quién corresponde el perdón? ¿Al Estado, a través de leyes de amnistía, a través de leyes de punto final? Realmente, en todo proceso de conflicto el perdón corresponde a la víctima, y cuando hablamos de bandas en conflicto, hay víctimas de banda y banda, de ambos lados. Para que se genere una solución a ese conflicto, necesariamente hay un ingrediente clave (...) que es el reconocimiento del otro", expresó.

            De acuerdo con el jurista, además del reconocimiento del otro, la sociedad requiere desarrollar un adecuado proceso de negociación, actos aceptables de justicia y regulación postconflicto para que la reconciliación pueda ocurrir luego de enfrentamientos de grandes dimensiones.

            En opinión del profesor universitario, la Ley de Amnistía que aprobó la Asamblea Nacional no "tiene nada que ver con un proceso de paz y reconciliación, ese no era su objetivo (...). Hay que decir es la verdad: la Ley de Amnistía es un acto de justicia. Esa es la verdad, pero no es un acto de reconciliación. ¿Por qué? Porque un sector de la sociedad, manipulado o no manipulado, eso no importa, se siente agredido".

            Finalizó su intervención con el señalamiento de que un verdadero proceso de reconciliación debe incluir el restablecimiento de las relaciones humanas; para lograr eso, cada una de las partes en conflicto debe reconocer su responsabilidad en los hechos de violencia social.

La perspectiva teológica

            El padre Manuel Teixeira, doctor en teología, advirtió que el perdón es difícil como lenguaje, como reflexión y como acción. "El perdón es imposible humanamente, pero es una verdad teológica", afirmó. 

            Misericordioso, clemente, lento a la ira, rico en amor y fiel: estos son algunos de los atributos del Dios judeocristiano que Teixeira vinculó a la gracia del perdón. Recordando pasajes de la Biblia, mencionó que el texto habla de un Dios que mantiene su amor "por mil generaciones" y perdona las iniquidades, mas no las deja impunes y castiga hasta la tercera generación la falta de los padres.

            Para Teixeira, Dios se desborda en amor y no en castigo, pero no deben los creyentes entender ese castigo de la forma que lo entienden en el ámbito judicial, como la anulación de derechos de un condenado. El castigo de Dios, sostuvo Teixeira, es una corrección amorosa que está relacionada con los atributos divinos anteriormente mencionados: misericordia, clemencia y fidelidad. 

            "Tiene más que ver con corrección amorosa que no deja al que cometió el pecado en el límite de su propia bajeza y lo eleva a la altura de la posibilidad de lo humano", añadió.

            Indicó que la palabra perdonar está relacionada con otro verbo, donar. ¿Qué es lo que se dona? Según el teólogo, al perdonar donamos la posibilidad de que la persona que cargaba con la culpa vuelva a sentirse íntegra. El perdón, en esa acepción, crea una responsabilidad compartida entre las personas que participan en él por los dones recibidos.

La perspectiva filosófica

            El director de la Escuela de Filosofía, Mario Di Giacomo, fue el último ponente del evento. En su exposición consideró lo que es el perdón y cómo las personas pueden llegar a perdonar. Explicó que la vida humana está sometida a riesgos y que en la trama de existencias cruzadas y de relaciones inadvertidas ocurren consecuencias impredecibles y, algunas, imperdonables. Ante esto, la sociedad judicializa la amnesia, estimula el obligado olvido de las faltas a través de prevenciones y remedios a las víctimas con la intención de normalizar la vida social. A esta práctica Di Giacomo la describió como la "revocación artificial de las vergüenzas".

            "El perdón pierde su foco en las políticas de la amnesia (...). Podemos aprobar una Ley de Amnistía, que no la vamos a aprobar, evidentemente, y sin embargo en una Ley de Amnistía puede estar contenida una serie de injusticias, pero al mismo tiempo es inevitable aprobarla. Las sociedades no pueden sino admitir una política semejante bajo pena de jamás recomenzar un camino conciliado", manifestó el doctor en filosofía.

            Dijo el profesor que el perdón "puro", subjetivo, no institucional ni funcionalista, es un proceso de purga que "enjuga, pero no borra" las cicatrices de las heridas. "Una política del perdón dejaría de lado el carácter irreparable del daño, la amnesia obligada por razones funcionales avalaría la existencia de víctimas y victimarios, por esto, los victimarios se verían absueltos de aquello que es precisamente irreparable", expresó.

            En su exposición, indicó que el perdón se encuentra al margen de las instituciones del castigo y de la teatralización de la penitencia. El perdón, además, no puede ser solo desgaste del tiempo, ese que sirve para olvidar faltas leves. Por lo anterior, el perdón de lo imperdonable, que no es solo avance del reloj, es un acto de espiritualidad donde las consciencias heridas e hirientes tienen que encontrarse para paradójicamente enriquecerse sin olvidar la falta, aunque en el proceso lleguen a actuar como si la hubieran olvidado.

            Este proceso, reiteró el profesor, no puede ser administrado políticamente, porque se obvian las contradicciones de las personas que deben lidiar con el dolor. Así las cosas, el perdón deja incluso de ser una decisión volitiva de las partes involucradas y se convierte en un devenir, algo que eventualmente puede o no suceder.

Víctor Manuel Álvarez Riccio
Caracas, 16 de abril de 2016.
@AlvarezRiccio
Colegio Nacional de Periodistas N° 22.781