Para celebrar su 50 aniversario, el 12 de abril
la Escuela de Filosofía de la Universidad Católica Andrés Bello
desarrolló, junto al Instituto de Teología para Religiosos (ITER), la Escuela
de Psicología, la Escuela de Derecho y la Maestría en Filosofía un evento que
trató de un tema sensible para Venezuela: el perdón. La actividad incluyó
cuatro disertaciones de expertos de distintas áreas.
La
perspectiva psicológica
La psicóloga Ana Gabriela Pérez explicó que el tema del
perdón es reciente en los estudios de la mente y que también son recientes las
llamadas terapias del perdón. Estas terapias, dijo la doctora, pueden ser incongruentes
con la visión tradicional del tratamiento psicológico que está libre de valores
y de conceptos morales sobre lo que es bueno o malo, y esto representa un reto
para quienes deseen ayudar en un consultorio psicológico a otros a perdonar.
Por otro lado, Pérez advirtió que se presenta, al
estimular el perdón como forma de sanación, la contradicción de quitar a la
víctima su derecho al resarcimiento. ¿Qué no es el perdón? Para Pérez, el
perdón no incluye la negación de los daños, ni el olvido, ni la justificación,
ni la reconciliación si la víctima no la desea. ¿El perdón es la única vía para
sanar una herida psicológica? Pérez expresó que el perdón es una decisión de
las personas agredidas y que ellas están en libertad de buscar otras vías para
superar sus traumas. La solución de los traumas significará que el rencor, la
ira o la humillación no matizarán todos los aspectos de la vida de la persona,
pero para esto no hace falta la reconciliación con el victimario.
La doctora se refirió a las situaciones dramáticas de
violencia y explicó que ese tipo de experiencias revelan a las personas
"la verdad de que los hombres hieren" y que el azar "es el
verdadero tutor de la vida", lo que rompe cualquier ilusión de seguridad y
control. Ante esto, sugirió no estimular una fantasía del perdón o una fantasía
del castigo como soluciones para la ruptura emocional de víctimas de
experiencias dramáticas porque "imperdonable es el perdón antes de
tiempo", antes de que la persona haya trabajado y explorado su trauma y
sus heridas.
La
perspectiva jurídica
El profesor Tulio Álvarez habló sobre el papel del Estado
en los procesos sociales de conflicto y reconciliación. "¿A quién
corresponde el perdón? ¿Al Estado, a través de leyes de amnistía, a través de
leyes de punto final? Realmente, en todo proceso de conflicto el perdón
corresponde a la víctima, y cuando hablamos de bandas en conflicto, hay
víctimas de banda y banda, de ambos lados. Para que se genere una solución a
ese conflicto, necesariamente hay un ingrediente clave (...) que es el
reconocimiento del otro", expresó.
De acuerdo con el jurista, además del reconocimiento del
otro, la sociedad requiere desarrollar un adecuado proceso de negociación, actos
aceptables de justicia y regulación postconflicto para que la reconciliación
pueda ocurrir luego de enfrentamientos de grandes dimensiones.
En opinión del profesor universitario, la Ley de Amnistía
que aprobó la Asamblea Nacional no "tiene nada que ver con un proceso de
paz y reconciliación, ese no era su objetivo (...). Hay que decir es la verdad:
la Ley de Amnistía es un acto de justicia. Esa es la verdad, pero no es un acto
de reconciliación. ¿Por qué? Porque un sector de la sociedad, manipulado o no
manipulado, eso no importa, se siente agredido".
Finalizó su intervención con el señalamiento de que un
verdadero proceso de reconciliación debe incluir el restablecimiento de las
relaciones humanas; para lograr eso, cada una de las partes en conflicto debe
reconocer su responsabilidad en los hechos de violencia social.
La
perspectiva teológica
El padre Manuel Teixeira, doctor en teología, advirtió
que el perdón es difícil como lenguaje, como reflexión y como acción. "El perdón
es imposible humanamente, pero es una verdad teológica", afirmó.
Misericordioso, clemente, lento a la ira, rico en amor y fiel:
estos son algunos de los atributos del Dios judeocristiano que Teixeira vinculó
a la gracia del perdón. Recordando pasajes de la Biblia, mencionó que el texto
habla de un Dios que mantiene su amor "por mil generaciones" y
perdona las iniquidades, mas no las deja impunes y castiga hasta la tercera
generación la falta de los padres.
Para Teixeira, Dios se desborda en amor y no en castigo,
pero no deben los creyentes entender ese castigo de la forma que lo entienden
en el ámbito judicial, como la anulación de derechos de un condenado. El
castigo de Dios, sostuvo Teixeira, es una corrección amorosa que está relacionada
con los atributos divinos anteriormente mencionados: misericordia, clemencia y
fidelidad.
"Tiene más que ver con corrección amorosa que no
deja al que cometió el pecado en el límite de su propia bajeza y lo eleva a la
altura de la posibilidad de lo humano", añadió.
Indicó que la palabra perdonar está relacionada con otro
verbo, donar. ¿Qué es lo que se dona? Según el teólogo, al perdonar donamos la
posibilidad de que la persona que cargaba con la culpa vuelva a sentirse
íntegra. El perdón, en esa acepción, crea una responsabilidad compartida entre
las personas que participan en él por los dones recibidos.
La
perspectiva filosófica
El director de la Escuela de Filosofía, Mario Di Giacomo,
fue el último ponente del evento. En su exposición consideró lo que es el
perdón y cómo las personas pueden llegar a perdonar. Explicó que la vida humana
está sometida a riesgos y que en la trama de existencias cruzadas y de
relaciones inadvertidas ocurren consecuencias impredecibles y, algunas,
imperdonables. Ante esto, la sociedad judicializa la amnesia, estimula el
obligado olvido de las faltas a través de prevenciones y remedios a las
víctimas con la intención de normalizar la vida social. A esta práctica Di
Giacomo la describió como la "revocación artificial de las
vergüenzas".
"El perdón pierde su foco en las políticas de la
amnesia (...). Podemos aprobar una Ley de Amnistía, que no la vamos a aprobar,
evidentemente, y sin embargo en una Ley de Amnistía puede estar contenida una
serie de injusticias, pero al mismo tiempo es inevitable aprobarla. Las
sociedades no pueden sino admitir una política semejante bajo pena de jamás
recomenzar un camino conciliado", manifestó el doctor en filosofía.
Dijo el profesor que el perdón "puro",
subjetivo, no institucional ni funcionalista, es un proceso de purga que
"enjuga, pero no borra" las cicatrices de las heridas. "Una
política del perdón dejaría de lado el carácter irreparable del daño, la
amnesia obligada por razones funcionales avalaría la existencia de víctimas y
victimarios, por esto, los victimarios se verían absueltos de aquello que es
precisamente irreparable", expresó.
En su exposición, indicó que el perdón se encuentra al
margen de las instituciones del castigo y de la teatralización de la
penitencia. El perdón, además, no puede ser solo desgaste del tiempo, ese que
sirve para olvidar faltas leves. Por lo anterior, el perdón de lo imperdonable,
que no es solo avance del reloj, es un acto de espiritualidad donde las
consciencias heridas e hirientes tienen que encontrarse para paradójicamente
enriquecerse sin olvidar la falta, aunque en el proceso lleguen a actuar como
si la hubieran olvidado.
Este proceso, reiteró el profesor, no puede ser
administrado políticamente, porque se obvian las contradicciones de las
personas que deben lidiar con el dolor. Así las cosas, el perdón deja incluso
de ser una decisión volitiva de las partes involucradas y se convierte en un
devenir, algo que eventualmente puede o no suceder.
Víctor Manuel Álvarez Riccio
Caracas, 16 de abril de 2016.

