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martes, 22 de agosto de 2017

Miguel Martínez Miguélez: Solamente aquellos que no tienen ningún punto de vista creen que los tienen todos





En el marco de los problemas políticos y sociales que vive Venezuela, se vuelve necesario revisar los principios básicos de la ciencia y la producción del conocimiento, ya que con ellos, a lo largo de los siglos, el hombre ha logrado los hallazgos que, hasta el día de hoy, han coadyuvado a la generación de mejoras y bienestar para las personas en distintos ámbitos: medicina, transporte, alimentación, educación, política y más.

El profesor Miguel Martínez Miguélez, español-venezolano que nació en 1932, escribe y reflexiona sobre distintos temas en su residencia, en la urbanización El Placer, cerca de la Universidad Simón Bolívar. Si algo le ha dado reconocimiento en el ámbito académico ha sido su extenso trabajo acerca de la filosofía de la ciencia, la metodología de la investigación y su aplicación en la educación. Esta dedicación ha estado reflejada en décadas de trabajo docente, talleres y numerosas publicaciones, entre artículos arbitrados y libros.

En su sala de estar, el sábado 5 de agosto en horas de la mañana concedió una entrevista sobre las ideas que sostiene acerca del conocimiento humano y cómo cultivarlo.

Si pudiera utilizar una metáfora para representar el proceso de hacer ciencia o de conocer la realidad, ¿cuál usaría?

Yo diría que en cualquier conversación en la que tratamos de clarificar este problema,  la metáfora principal que tiene el ser humano es el ojo. La gente lo dice muchas veces: "¡ay!, ¿pero tú no ves?, eso está clarísimo". La metáfora de la vista es la más sencilla, la más clara y la más elocuente. Tenemos que mover la cabeza para poder ver; si está un poco lejos, tenemos que usar un aparato, un telescopio; y si es muy chiquito, un microscopio. Entonces, la realidad no se le presenta a uno desde todos los puntos de vista, por eso hablamos de aproximación, acercamiento a una cosa, y ahí viene en seguida la visión del otro. Esto es indispensable porque es ver bajo muchos puntos de vista e integrarlos. Si buscamos la verdad, si lo que quiero es ver bien y conocer bien, escucho, porque lo que tú ves yo no lo veo, lo que tú sientes yo no lo siento, la experiencia que tú has tenido yo no la tengo.

¿Puede ofrecer un ejemplo de esa integración de múltiples visiones de la realidad?

Si yo tuviera que decir de una persona que más me ha enriquecido, tendría que nombrar a un japonés que fue compañero mío en Múnich, en Alemania. Era la primera vez que venía a Occidente y yo nunca me había hecho tan amigo de un japonés o un oriental. Entonces, los sábados y domingos íbamos a visitar la ciudad de Múnich, estaba muy destruida y la estaban reconstruyendo después de la última guerra. Él lo veía todo según los valores de Oriente, cualquier cosa la metía en su filosofía, sus proyecciones, y para mí era todo un mundo nuevo, riquísimo. Estaba muy interesado en conocer por qué nosotros teníamos tantos aspectos de la religión con Jesús en el centro, quién era Jesús, y yo le iba explicando en conversaciones. Si nosotros buscamos la verdad, no la objetividad (la objetividad verdadera y pura no existe), el diálogo es muy sencillo. Solamente aquellos que no tienen ningún punto de vista creen que los tienen todos; conténtese con tener uno y escuchar a los otros.

Dice que el diálogo es sencillo, pero en la sociedad parece que es difícil. ¿Por qué es así?

¿Qué pasa si entran los intereses? Aquí es donde caemos en la política. ¡Ah!, si yo dejo esta orientación, todo lo que tengo por allá lo pierdo, dice un narcotraficante. Entonces, tengo, a como dé lugar, que defender esto. Lo que está haciendo ahora Cuba con Venezuela. Primero, tenía toda la ayuda de la Unión Soviética, pero después cuando la Unión Soviética se cayó y se dejó de eso, no le mandó más a Cuba, pero llegó Chávez, y claro, el petróleo a 140 le llegó brindado a Cuba. Cuba sigue viviendo de Venezuela. Es muy difícil que cambien las ideas cuando entran los intereses.

Usted, en su libro Nuevos paradigmas en la investigación, señala que cada persona alcanza a ver solo aquello que su sistema conceptual e interpretativo le permite. ¿Es necesario conocer teóricamente para ver la realidad?

Una constatación que tenemos está en el turismo: ¿qué hace la gente cuando llega a una cosa que nunca ha visto?  Lo puede ver y no le dice nada. ¿Qué significa? Pero otro lo ve y dice que es tal cosa. Lógicamente, el ver no solo requiere el ojo, sino interpretar casi automáticamente. Si no tenemos nada de experiencia, ni la cosa más sencilla la entendemos. 

Entonces, ¿el mundo simbólico de la persona condiciona cómo verá la realidad?

Condiciona parcialmente. No es solo que llegan los estímulos y me provocan algo. Eso es lo que pensaba el conductismo. Claro, el conductismo en psicología era completamente mecanicista. Mecanicismo es la imagen de la mesa de billar: esta es la variable independiente, que yo la empujo, y la otra es la que recibe el golpe, la variable dependiente. El sentido no solo es el tratamiento del estímulo que llega, sino la preparación del sujeto. 

¿Cómo se puede desarrollar aprendizaje si alguno de los interlocutores no tiene la misma preparación?

A mí me pasó, en San Felipe, cuando fui a dictar unas conferencias. Fui en avión hasta Barquisimeto, me fue a buscar una profesora y me llevó. Eran dos días de conferencias sobre la metodología cuantitativa y cualitativa, sobre todo la cualitativa, que era novedosa. Ella me dice: "hay mucha disposición para escucharlo, han leído libros suyos, quieren conocerlo de cerca, solamente hay un profesor que dice que a todos los que invitamos no les entendió nada, que no quiere saber de gente invitada”. Después, cuando yo el primer día tenía unos cuarenta profesores, le miro la cara a la gente para ver la reacción, incluso cuando hablo, entonces, vi uno a la izquierda. Por la cara que ponía dije que ese debía ser el tipo. Y después fue cambiando y me olvidé de eso porque los vi a todos más o menos iguales. Entonces, precisamente cuando regresábamos a los dos días a Barquisimeto le digo: "a propósito de aquel profesor que usted me dijo que estaba fastidiado siempre con los invitados..."; "¡ah!, ¿sabe lo que me dijo el otro día?, por fin llegó uno al que se le entiende todo lo que explica". Bueno, yo he sido profesor y mi preparación es sobre todo en pedagogía, el doctorado mío es en pedagogía, y siempre me mato para que entiendan, poniendo ejemplos, comparaciones, etcétera. La predisposición es fundamental porque la persona ávida y con deseo de ver pone más atención, más cuidado. Otros se pueden distraer en cualquier relación. 

¿Puede ofrecer otro ejemplo que permita entender el proceso de aprendizaje?

Como dice el evangelio, sembrar en buen terreno. Entonces, cosechas y da frutos. Aquí discuten mucho en el interior, especialmente los grupos agropecuarios, sobre la semilla: hay que comprar semilla sana, buena, porque eso tiene un porcentaje de éxito, después, lógicamente, el terreno, la humedad, los fertilizantes, etcétera. Son muchos factores que suman. Entonces, es otra imagen. Las analogías nos ayudan mucho. Robert Oppenheimer, el que guió el proyecto Manhattan que elaboró la primera bomba atómica de Hiroshima y Nagasaki, dice concretamente, en una conferencia que dio a los psicólogos de la APA unos años después de la guerra, la importancia de la analogía en la ciencia, que la mente humana entiende por comparación. La gente lo dice: esto es similar a tal cosa, esto es igual a tal cosa.

¿Está de acuerdo con la noción de que el ser humano está predispuesto naturalmente a conocer?

De los libros de Aristóteles, el más importante es la Metafísica, ¿sabes cómo comienza la Metafísica? La primera frase de la Metafísica dice que el hombre, por necesidad, por naturaleza, apetece saber. Yo diría, incluso, que la mayoría de los animales aprende. Aquí vi cómo unas guacamayas enseñaban a los pichones a romper con sus picos las semillas de girasol y a sacar las pepitas. O sea, los mismos animales tienden por naturaleza a aprender. Después viene el problema de ese saber, saber no simplemente lo que aparece sino saber lo que aparece aquí, ahora, en este momento. Eso lo dice exactamente Aristóteles. No todo lo que aparece es verdadero sino que tan solo lo es para quien le aparece, cuando le aparece y como le aparece. ¿El otro? Para ese no es verdadero. Ahora, si vemos desde Aristóteles hasta acá, veinticuatro siglos, ha corrido mucha agua por el río, han cambiado muchas cosas, entonces, ese aprender a saber y a verificar nos lleva a lo último, a lo que trato en este último libro: la inmensa posibilidad de variables que entran en juego en cada objeto, de las que percibimos por los sentidos, de la memoria, o lo que descubrimos como algo nuevo; lógicamente, la cantidad de variables es inmensa. 

Si tenemos esta apetencia de conocer, ¿por qué en su libro Nuevos paradigmas en la investigación menciona que en las universidades hay limitación y fragmentación del saber? ¿Eso genera profesionales con menores capacidades de ampliar sus conocimientos?

Un estudiante depende mucho de los profesores que tenga. La UNESCO lleva 15 o 20 años insistiendo en que las universidades tienen una desorientación universal. Para ser más preciso, muchos profesores tienen una gran desorientación. Si un profesor dice: si usted desea ser un buen médico, abogado o ingeniero, trate de ganar la vida honestamente y eso es todo. Pero hay profesores que quisieran dar mucho más y los alumnos los aprecian mucho y los quieren. Yo no diría que las universidades son así o de otra forma, sino que hay profesores en esa universidad que son así y hay otros profesores que son muy diferentes. Todos hemos tenido profesores estupendos que, ¡caramba!, los recordamos tanto. 

¿Qué puede hacer un profesor para acompañar mejor a los estudiantes?

Tener más conciencia de nuestras limitaciones. Fíjate que Sócrates nunca enseñó nada. Sócrates todo lo hacía con la mayéutica, la mayéutica es preguntar. La palabra mayéutica en griego significa partera. La mamá de Sócrates era partera, asistía al parto de una señora cuando iba a dar a luz. Entonces, él agarró la imagen: el profesor es un mayeuta, porque no es el que produce la idea sino el facilitador. 

¿Qué incentivo pueden encontrar los estudiantes para involucrarse con la investigación y la ciencia?

Yo creo que es una cuestión de enamoramiento de la persona, que le gusta descubrir cosas. Quizá hay pocas cosas que sean tan placenteras, tan gratificantes para el ser humano, como lo que sintió Arquímedes cuando dijo "¡eureka!, la encontré". ¿Sabes el hecho a qué se debió? La corona que le daba el rey, dorada, se veía muy bien, pero por dentro tenía mucha plata y el oro era superficial. ¿Cómo hago? ¿Cuánto le metieron? Entonces él hizo un modelo de pura plata y después otro de puro oro, modelos pequeños para ver las diferencias. Si le pusieron oro, pesa mucho más; plata, pesa menos. Entonces, el principio era que todo cuerpo sumergido en el agua pierde, de su peso, el peso del agua que desaloja, la echa hacia arriba. Entonces, si tiene la mitad, si tiene tres cuartos... ¡Eureka! Yo creo que es una satisfacción muy grande, yo diría que hay personas que les encanta ir descubriendo.

En sus textos más recientes usted dice que la neurociencia está cambiando el panorama científico. También razona que una de las cosas más complejas que puede estudiar el hombre es a sí mismo. ¿Por qué dice esto?

Las investigaciones de los últimos 50 años con relación al cerebro son algo... ¿Cómo antes se podía investigar eso? Primero, yo escribí en muchos lugares que el número de neuronas era 10 mil millones; después, pasaron años y me di cuenta de que había progresado y eran 15 mil; entonces, cambié varios libros. Después, de golpe, con nuevos instrumentos, de 15 mil pasaron a 100 mil millones de neuronas. ¡Una neurona la cantidad de ramificaciones que tiene! ¿Una neurona cuántos peldaños tiene para que lleve toda la historia del desarrollo, pongamos, de una guacamaya, de un colibrí, de una serpiente, para que salga todo perfecto?  Se calculan 3 mil millones de peldaños. Tú imagínate una escalera de doble espiral en un punto mínimo que no se ve sin telescopio electrónico. ¡Tres mil millones de peldaños! ¿Para qué? Para que se desarrolle precisamente el huevo que está incubando la gallina, que no sabe nada, pero te sale el pollito perfecto, o nosotros. 

¿Recomienda alguna lectura para estimular el interés en estos temas de la ciencia?

Esto para ti a lo mejor es interesante: Cosmos, Bios, Theos. Yo no lo he encontrado en castellano, pero es de un periodista, Roy Abraham Varghese, y el otro es un especialista, Margenau, que es alemán. Ellos le hicieron tres preguntas a 60 científicos, de los cuales 24 eran premios Nobel: ¿cómo piensa usted que apareció el cosmos, el universo, según sus estudios, sus conocimientos?; ¿cómo cree que apareció la vida?, ¿por qué apareció la vida?; ¿por qué, si al principio había vida pero era animal, apareció el homo sapiens, la inteligencia, la consciencia? A las tres preguntas dedican un capítulo, uno a cada una.

Perfil del profesor Miguel Martínez Miguélez

Miguel Martínez, español y  también  de  nacionalidad   venezolana, es Doctor en Pedagogía por la Universidad Pontificia Salesiana de Roma con Especialización en Psicología  Educativa.  Está  Licenciado en Filosofía, Psicología y Educación, y su hobby personal lo constituye la Física y la Matemática. Cursó sus estudios en las Universidades de Turín, Roma, Oxford, Múnich y Central de Venezuela. Es Profesor-Investigador Titular (Jubilado) en la Universidad Simón Bolívar de Caracas, en cuya fundación colaboró. Esta Universidad le otorgó recientemente la Distinción Honorífica de Profesor EMÉRITO (por la “Excelencia de su Investigación y Docencia”). Actualmente, dicta cursos  ocasionales  en  el   Doctorado en Desarrollo Sostenible (Universidad Simón Bolívar) y en el Doctorado de Ciencias  Sociales  (Universidad   Central   de  Venezuela). El Dr. Martínez fue miembro del Programa de Promoción del Investigador (PPI: Nivel Máximo) y actual PEII,  Nivel  Investigador- Emérito. Ha sido Profesor Invitado en la mayoría de las Universidades Venezolanas y varias de EE.UU., España, Brasil, México, Argentina, Colombia, Chile, Perú y Costa Rica.  Sus  publicaciones son: 22 obras de autoría individual, alguna traducida también  al  inglés, y 12 de autoría compartida; a dos de ellas  la  Universidad Simón Bolívar le otorgó el "Premio al Mejor Libro de Texto", y el "Premio Andrés Bello". Igualmente, ha publicado 112 artículos científicos  en  52  revistas  arbitradas  nacionales  e  internacionales, y ha asesorado 32 tesis de postgrado. El Dr. Martínez ha recibido numerosos  Premios  Académicos  e  Institucionales  por  méritos de  diferente  naturaleza.

Página web: http://prof.usb.ve/miguelm/


Víctor Manuel Álvarez Riccio
Caracas, 22 de agosto de 2017
@AlvarezRiccio
Colegio Nacional de Periodistas N° 22.781


martes, 27 de diciembre de 2016

De la desinformación a la incomunicación



El economista alemán Max Otte desarrolla en su libro El crash de la información Los mecanismos de la desinformación cotidiana (2009) la noción de que vivimos en la sociedad de la desinformación a pesar de la abundancia cada vez mayor de mensajes que producimos y difundimos en medios y redes sociales.


El lector no encuentra una definición teórica de desinformación en el libro de Otte, al menos no a la manera de un diccionario. En lugar de eso, el texto describe a lo largo de más de 300 páginas las diversas  tácticas de desinformación que usan los grupos de interés para manipular a las sociedades.

Otte plantea que los empresarios, los partidos políticos y, en general, los grupos de poder usan alguna de las siguientes tácticas para conseguir efectos deseados: mentir, dar información insuficiente, distraer y emocionar. Estas técnicas son representadas con ejemplos prácticos explorados a continuación.

A juicio del economista, las actividades del sector bancario a nivel mundial muestran cómo vivimos en una cultura de la desinformación. "Innumerables productos financieros de naturaleza muy compleja y opaca, declaraciones confusas y muy a menudo contradictorias de los expertos, y un diluvio inacabable de datos financieros habían hurtado a los inversores la base informativa necesaria" (pág. 19).  

El autor reseñó que, previo a la crisis económica global de 2008 (la cual llevó a la quiebra de Lehman Brothers), muchos bancos vendieron títulos de crédito con nombres rimbombantes (“Fondo Garantizado”, “Twin-Win”, “Reverse Outperformance Protect”, “Airbag”, etcétera), con un “mismo (y único) propósito: inducir a los inversores privados, mediante desinformación deliberada, a apostar su dinero al azar” (pág. 84). Resume Otte que, durante la primera mitad de la década del 2000, bancos en Estados Unidos y Europa ofrecieron en las bolsas de valores títulos de hipotecas riesgosos y los presentaron como seguros a través de etiquetas opacas, calificaciones interesadas de compañías contratadas por los propios bancos, y ocultamiento de información porque “a quien nada entiende y nada puede comprobar, no le queda más que la confianza ciega, que se puede explotar con excelentes resultados” (pág. 85).

Dos ejemplos más de mentiras presentados en el libro son los siguientes: una empresa alemana ofrece un yogur y vincula el producto con una vida sana por medio de la publicidad, pero en realidad se trata de una golosina líquida por la cantidad de azúcar que lleva; por otra parte, se descubrió que la empresa de ferrocarriles alemana Deutsche Bahn invirtió 1.3 millones de euros en relaciones públicas ocultas, pagando a personas para que interviniesen en foros digitales y redes sociales simulando ser usuarios que opinaban favorablemente del servicio.

Si mentir o dar información insuficiente sobre un producto resulta en desinformación, ofrecer demasiada también confunde, y esta es una táctica que, según el economista, es  usada con frecuencia. “Teóricamente el consumidor se puede informar, pero se le viene encima tal cantidad de información ‘superflua’ que, aparte de la desinformación, no le queda apenas nada” (pág. 105).

De acuerdo con el analista, la industria alimenticia es experta en informar sin informar. Dentro de los catálogos de comida, llenos de anuncios coloridos, fotografías vistosas y frases que inducen al consumo,  la información objetiva pasa inadvertida.  Otte mencionó un estudio realizado en 2009 a 75 tipos de golosinas por parte de la Oficina Central del Consumidor de Renania del Norte-Westfalia, que reveló que dos terceras partes de los productos ofrecían la información nutricional con “artimañas obnubilantes” (pág. 106): letras tan pequeñas que son imposibles de leer, escaso contraste entre texto y fondo, tabla de ingredientes oculta dentro del envoltorio, uso de diferentes lenguas.

Finalmente, Otte explica la manipulación emocional de la razón económica. “Las decisiones de compra y aún más las financieras deberían tomarse con la cabeza (…); pero en las cuestiones de dinero siempre hay en juego fuertes emociones, y las emociones son malas consejeras” (pág.206). El profesor reflexiona sobre cómo muchas empresas convierten los procesos de compra en “experiencias”, escenificando situaciones emotivas para el comprador, para evitar que razone sobre las ventajas y desventajas del producto, y actúe por intuición o impulso. Critica, por otro lado, fuertemente el periodismo económico que en lugar de representar los complejos procesos económicos con moderación, cautela y diversidad de opiniones, opta por titulares dramáticos o increíblemente optimistas: mientras más emocionante sea la desinformación, mejor.

“En general se puede constatar que los medios casi siempre se comportan de forma cíclica, recogiendo simplemente la opinión predominante y amplificándola. Si la economía va bien, en los medios se habla de ‘grandes oportunidades’ de crecimiento. Pero si a los mercados les va mal, se extiende por el contrario el pesimismo y parece que se vaya a acabar el mundo” (pág. 216).

Problematizar la visión de la verdad

Si hablamos de desinformar como mentir, obnubilar con información excesiva, o distraer de la información importante, podemos entender que detrás de este trabajo el autor maneja un concepto ético de verdad.  Se interpreta que para él las comunicaciones deben representar con precisión lo que ocurre en una parte de la realidad pero también deben estar enfocadas al bien común para evitar las perversiones antes descritas. Otte rechaza el paradigma neoliberal de que si todas las personas actúan según sus propios intereses eventualmente se establecerá un sano equilibrio entre ofertantes de productos y consumidores; considera que esto es falso porque si todos deciden según sus intereses nada impide a las empresas engañar o embaucar para obtener ganancias. 

Para ampliar la noción de verdad desarrollada por Otte, se acude al filósofo venezolano Massimo Desiato (2004) quien explicó que, comúnmente, se suele teorizar con un concepto de verdad sencillo: lo que se representa simbólicamente tiene extensión en lo empírico. Una muestra casera es la siguiente: una madre dice a su hijo, quien está encerrado en su habitación, que la comida está servida; el joven solo debe aproximarse a la mesa y comprobar con sus sentidos que, en efecto, es así, y por lo tanto la afirmación de la madre es verdadera, ¡fue validada empíricamente! Esta forma de verdad sirve para entender mejor el trabajo de Otte, porque su enfoque es económico y las comunicaciones giran en torno a objetos (productos). Si el mensaje económico tiene extensión en lo empírico, contiene toda la información importante y es fácil de entender (existe la cantidad de producto representada, con las cualidades y condiciones indicadas), entonces, estaría dentro de los parámetros éticos mínimos que exige Otte. 

¿Qué ocurre, sin embargo, cuando los discursos no giran alrededor de objetos sino de procesos sociales? Se habla de un golpe de estado, una marcha política, el ascenso o la caída de un partido, una obra de teatro, la vida de un artista, relatos históricos, una huelga general, etcétera. En todos los casos anteriores no hay objetos sino relaciones entre individuos y, por lo tanto, diferentes visiones de esas relaciones. ¿Cuál de todas las posibles visiones tiene la verdad? En sociedades fragmentadas, polarizadas o en conflicto, ¿cuál relato representa con fiel exactitud lo que ocurre? Desiato advierte que no se puede decir “la Verdad” completa de los procesos sino esclarecer diversas verdades escogiendo cómo representarlos, a quiénes incluir en el relato, qué palabras usar, qué imágenes añadir, en qué orden colocar los testimonios.

Es posible encontrar que un periodista representa de una forma los procesos, y que otros periodistas lo hacen diferente, ¡y al final las audiencias  pueden leer o imaginar las cosas según sus propios conocimientos! Se concluye que, cuando se trata de la complejidad social, la noción de verdad no puede ser la misma que se usa cuando se dice que un florero está sobre la mesa y todos podemos comprobarlo; aquí, en cambio, se trata de retórica, relatos construidos desde el punto de vista del cronista, y limitados también por esa perspectiva.

Desiato busca solucionar esta dificultad para los periodistas con dos consejos: incluir la mayor cantidad de visiones diferentes posibles en el relato y hacer explícitos los fundamentos de los argumentos de cada uno de los testigos u opinantes. ¿Por qué piensa de esa forma el entrevistado? ¿Con qué base formula sus proposiciones? Al final, idealmente, las audiencias valorarían el mejor argumento, el que tuviera fundamentos más sólidos, y el periodista habría permitido que las diversas visiones que se manejan en la sociedad se contrastasen.

De la desinformación a la incomunicación

Si se toma la recomendación que Desiato hace a los periodistas de colocar en sus relatos las distintas visiones de los actores sociales (mientras más, mejor), cabe preguntar ¿qué pasa cuando las interpretaciones son extremadamente opuestas y conflictivas? ¿Qué hacer si distintos relatos luchan por la supremacía y presentan argumentos interesantes? Podemos ilustrar este problema con casos de verdades normativas, religiosas, y los discursos de identidades. 

En un país islámico la norma “todas las mujeres deben usar burka”  puede ser una verdad social, mientras que “ninguna mujer está obligada a vestirse con burka si no lo desea” sería una verdad social en occidente. En las dos culturas hay argumentos tradicionales, teológicos, históricos, políticos y hasta filosóficos para sostener las proposiciones sin que aparentemente haya posible reconciliación.

¡Otra situación! En una comunidad cristiana, expresar que el 24 de diciembre recordamos el nacimiento de Dios encarnado en un niño humilde en Belén puede ser una verdad mientras que en una familia con tradición agnóstica el relato bíblico sea visto como inverosímil. 

A todas las posibles fundamentaciones de estas verdades es viable oponer otras basadas en creencias diferentes. Son verdades que no hablan de objetos sino de formas de ser en comunidad, verdades que orientan el comportamiento y que no piden ser confirmadas científicamente, solo aceptadas o rechazadas.

En muchos países se usan expresiones para representar la “verdadera identidad del pueblo”. ¿Has escuchado decir que el pueblo se opone a la burguesía explotadora? ¿Que el pueblo defiende su cultura ante el tsunami de la globalización? ¿O que el pueblo, por el contrario, está abierto a todas las culturas y acepta felizmente la globalización? ¿Has leído a algún político hablar de la identidad democrática del pueblo, a pesar de que en las urnas la participación sea baja o que la mayoría vote por el candidato más conservador y excluyente? Estas son “verdades” que la sociedad maneja sobre sí misma, discursos con los que se identifica, sin la necesidad de representar a todos los individuos, todos sus comportamientos y opiniones. Estas interpretaciones son vividas o rechazadas por los sujetos según sus marcos interpretativos particulares.

Se propone aquí el concepto de incomunicación para ampliar el de desinformación ofrecido por Otte. Cuando un gobernante dice que un grupo de personas representa al pueblo (los pobres, los de cierta raza, los de una religión) y que otro grupo no es pueblo, ¿está desinformando en el sentido de que dice algo que se puede probar falso objetivamente? Se entiende que no porque su discurso no miente sino que clasifica, valora, y propone una “verdad” excluyente, persuade a sus seguidores de vivir según ese discurso que los separa de otros (es posible encontrar ejemplos de esto en la política mundial hoy en día). 

Para conceptualizar la incomunicación, es necesario tener una idea de la comunicación. El filósofo venezolano Antonio Pasquali (Karam, 2014, pág. 36-37) propone que la comunicación es un modo de relación entre personas distintas que se colocan en igualdad de condiciones para concertar acciones de común acuerdo; el pensador diferencia la comunicación de la información porque la segunda connota un mensaje-causa de un agente-emisor que busca generar en un paciente un efecto. Cuando se habla de comunicación no hay respuestas programadas, las acciones son recíprocas y las partes están abiertas a dialogar sus posiciones y verdades con el otro para encontrar un sentido de comunidad, para concertar libremente.

Es posible considerar que incomunicar es la acción de emitir mensajes buscando generar un efecto en el otro sin permitir que el otro participe y proponga un sentido de relación; esto es, por lo tanto, un tipo de relación simbólica unidireccional que separa, que excluye, que levanta muros y propicia el desencuentro entre las personas.

¿Cómo se vinculan la desinformación y la incomunicación? Una forma de incomunicar es desinformar (mentir, engañar) porque no puede existir sentido de comunidad entre un engañado y un cínico; sin embargo, no toda la incomunicación se realiza a través de las tácticas de la desinformación: algunos incomunican diciendo “verdades” excluyentes que no toman en consideración al otro, que no aceptan la pluralidad social.

Ética en construcción

Se puede apreciar que la ética de un periodista o un reportero no es, después de todo, solo decir la verdad y nada más que la verdad, porque cuando queda perplejo y confuso ante diferentes verdades que están en conflictos de gran intensidad su labor no es solo esa. 

El periodista es el mediador ideal para poner en diálogo pacífico las distintas “verdades”, aquellas que no son comprobables sino vividas, que son éticas, normativas, valorativas, para que puedan resolver sin violencia sus problemas comunes. 

Por supuesto, se mantiene también la labor clásica: representar con la mayor precisión y riqueza de contenido posible aquello que ocurre empíricamente, pero quizá, en un mundo tan complejo, atravesado por interpretaciones tan plurales, esto no sea suficiente.


 
Fuentes consultadas

Otte, M. (2010). El crash de la información Los mecanismos de la desinformación cotidiana. Editorial Ariel. Barcelona, España.

Desiato, M. (2004). Una ética para la retórica: La “Nueva Ilustración” y los medios de comunicación. Logói N°7 Revista de Temas Filosóficos. Caracas, Venezuela.

Karam, T. (2014). Para seguir celebrando: Constantes y variantes en el pensamiento de Antonio Pasquali. En M. Bisbal, & A. Cañizález, Comunicación y Democracia Travesía intelectual de Antonio Pasquali (pág. 36).UCAB. Caracas, Venezuela.


Víctor Manuel Álvarez Riccio
Caracas, 27 de diciembre de 2016
@AlvarezRiccio
Colegio Nacional de Periodistas N° 22.781