En el marco de los problemas
políticos y sociales que vive Venezuela, se vuelve necesario revisar los
principios básicos de la ciencia y la producción del conocimiento, ya que con
ellos, a lo largo de los siglos, el hombre ha logrado los hallazgos que, hasta
el día de hoy, han coadyuvado a la generación de mejoras y bienestar para las
personas en distintos ámbitos: medicina, transporte, alimentación, educación,
política y más.
El profesor Miguel Martínez
Miguélez, español-venezolano que nació en 1932, escribe y reflexiona sobre
distintos temas en su residencia, en la urbanización El Placer, cerca de la
Universidad Simón Bolívar. Si algo le ha dado reconocimiento en el ámbito
académico ha sido su extenso trabajo acerca de la filosofía de la ciencia, la metodología
de la investigación y su aplicación en la educación. Esta dedicación ha estado
reflejada en décadas de trabajo docente, talleres y numerosas publicaciones,
entre artículos arbitrados y libros.
En su sala de estar, el
sábado 5 de agosto en horas de la mañana concedió una entrevista sobre las
ideas que sostiene acerca del conocimiento humano y cómo cultivarlo.
Si
pudiera utilizar una metáfora para representar el proceso de hacer ciencia o de
conocer la realidad, ¿cuál usaría?
Yo diría que en cualquier
conversación en la que tratamos de clarificar este problema, la metáfora principal que tiene el ser humano
es el ojo. La gente lo dice muchas veces: "¡ay!, ¿pero tú no ves?, eso
está clarísimo". La metáfora de la vista es la más sencilla, la más clara
y la más elocuente. Tenemos que mover la cabeza para poder ver; si está un poco
lejos, tenemos que usar un aparato, un telescopio; y si es muy chiquito, un
microscopio. Entonces, la realidad no se le presenta a uno desde todos los
puntos de vista, por eso hablamos de aproximación, acercamiento a una cosa, y
ahí viene en seguida la visión del otro. Esto es indispensable porque es ver
bajo muchos puntos de vista e integrarlos. Si buscamos la verdad, si lo que
quiero es ver bien y conocer bien, escucho, porque lo que tú ves yo no lo veo,
lo que tú sientes yo no lo siento, la experiencia que tú has tenido yo no la
tengo.
¿Puede
ofrecer un ejemplo de esa integración de múltiples visiones de la realidad?
Si yo tuviera que decir de
una persona que más me ha enriquecido, tendría que nombrar a un japonés que fue
compañero mío en Múnich, en Alemania. Era la primera vez que venía a Occidente
y yo nunca me había hecho tan amigo de un japonés o un oriental. Entonces, los
sábados y domingos íbamos a visitar la ciudad de Múnich, estaba muy destruida y
la estaban reconstruyendo después de la última guerra. Él lo veía todo según
los valores de Oriente, cualquier cosa la metía en su filosofía, sus
proyecciones, y para mí era todo un mundo nuevo, riquísimo. Estaba muy interesado
en conocer por qué nosotros teníamos tantos aspectos de la religión con Jesús
en el centro, quién era Jesús, y yo le iba explicando en conversaciones. Si
nosotros buscamos la verdad, no la objetividad (la objetividad verdadera y pura
no existe), el diálogo es muy sencillo. Solamente aquellos que no tienen ningún
punto de vista creen que los tienen todos; conténtese con tener uno y escuchar
a los otros.
Dice
que el diálogo es sencillo, pero en la sociedad parece que es difícil. ¿Por qué
es así?
¿Qué pasa si entran los
intereses? Aquí es donde caemos en la política. ¡Ah!, si yo dejo esta
orientación, todo lo que tengo por allá lo pierdo, dice un narcotraficante.
Entonces, tengo, a como dé lugar, que defender esto. Lo que está haciendo ahora
Cuba con Venezuela. Primero, tenía toda la ayuda de la Unión Soviética, pero
después cuando la Unión Soviética se cayó y se dejó de eso, no le mandó más a
Cuba, pero llegó Chávez, y claro, el petróleo a 140 le llegó brindado a Cuba.
Cuba sigue viviendo de Venezuela. Es muy difícil que cambien las ideas cuando
entran los intereses.
Usted,
en su libro Nuevos paradigmas en la
investigación, señala que cada persona alcanza a ver solo aquello que su
sistema conceptual e interpretativo le permite. ¿Es necesario conocer teóricamente
para ver la realidad?
Una constatación que tenemos
está en el turismo: ¿qué hace la gente cuando llega a una cosa que nunca ha
visto? Lo puede ver y no le dice nada.
¿Qué significa? Pero otro lo ve y dice que es tal cosa. Lógicamente, el ver no
solo requiere el ojo, sino interpretar casi automáticamente. Si no tenemos nada
de experiencia, ni la cosa más sencilla la entendemos.
Entonces,
¿el mundo simbólico de la persona condiciona cómo verá la realidad?
Condiciona parcialmente. No
es solo que llegan los estímulos y me provocan algo. Eso es lo que pensaba el
conductismo. Claro, el conductismo en psicología era completamente mecanicista.
Mecanicismo es la imagen de la mesa de billar: esta es la variable
independiente, que yo la empujo, y la otra es la que recibe el golpe, la
variable dependiente. El sentido no solo es el tratamiento del estímulo que
llega, sino la preparación del sujeto.
¿Cómo
se puede desarrollar aprendizaje si alguno de los interlocutores no tiene la
misma preparación?
A mí me pasó, en San Felipe,
cuando fui a dictar unas conferencias. Fui en avión hasta Barquisimeto, me fue
a buscar una profesora y me llevó. Eran dos días de conferencias sobre la
metodología cuantitativa y cualitativa, sobre todo la cualitativa, que era
novedosa. Ella me dice: "hay mucha disposición para escucharlo, han leído
libros suyos, quieren conocerlo de cerca, solamente hay un profesor que dice
que a todos los que invitamos no les entendió nada, que no quiere saber de
gente invitada”. Después, cuando yo el primer día tenía unos cuarenta
profesores, le miro la cara a la gente para ver la reacción, incluso cuando
hablo, entonces, vi uno a la izquierda. Por la cara que ponía dije que ese
debía ser el tipo. Y después fue cambiando y me olvidé de eso porque los vi a
todos más o menos iguales. Entonces, precisamente cuando regresábamos a los dos
días a Barquisimeto le digo: "a propósito de aquel profesor que usted me
dijo que estaba fastidiado siempre con los invitados..."; "¡ah!, ¿sabe
lo que me dijo el otro día?, por fin llegó uno al que se le entiende todo lo
que explica". Bueno, yo he sido profesor y mi preparación es sobre todo en
pedagogía, el doctorado mío es en pedagogía, y siempre me mato para que
entiendan, poniendo ejemplos, comparaciones, etcétera. La predisposición es fundamental
porque la persona ávida y con deseo de ver pone más atención, más cuidado. Otros
se pueden distraer en cualquier relación.
¿Puede
ofrecer otro ejemplo que permita entender el proceso de aprendizaje?
Como dice el evangelio,
sembrar en buen terreno. Entonces, cosechas y da frutos. Aquí discuten mucho en
el interior, especialmente los grupos agropecuarios, sobre la semilla: hay que
comprar semilla sana, buena, porque eso tiene un porcentaje de éxito, después,
lógicamente, el terreno, la humedad, los fertilizantes, etcétera. Son muchos
factores que suman. Entonces, es otra imagen. Las analogías nos ayudan mucho.
Robert Oppenheimer, el que guió el proyecto Manhattan que elaboró la primera
bomba atómica de Hiroshima y Nagasaki, dice concretamente, en una conferencia
que dio a los psicólogos de la APA unos años después de la guerra, la importancia
de la analogía en la ciencia, que la mente humana entiende por comparación. La
gente lo dice: esto es similar a tal cosa, esto es igual a tal cosa.
¿Está
de acuerdo con la noción de que el ser humano está predispuesto naturalmente a
conocer?
De los libros de
Aristóteles, el más importante es la Metafísica, ¿sabes cómo comienza la
Metafísica? La primera frase de la Metafísica dice que el hombre, por
necesidad, por naturaleza, apetece saber. Yo diría, incluso, que la mayoría de
los animales aprende. Aquí vi cómo unas guacamayas enseñaban a los pichones a
romper con sus picos las semillas de girasol y a sacar las pepitas. O sea, los
mismos animales tienden por naturaleza a aprender. Después viene el problema de
ese saber, saber no simplemente lo que aparece sino saber lo que aparece aquí,
ahora, en este momento. Eso lo dice exactamente Aristóteles. No todo lo que
aparece es verdadero sino que tan solo lo es para quien le aparece, cuando le
aparece y como le aparece. ¿El otro? Para ese no es verdadero. Ahora, si vemos
desde Aristóteles hasta acá, veinticuatro siglos, ha corrido mucha agua por el
río, han cambiado muchas cosas, entonces, ese aprender a saber y a verificar
nos lleva a lo último, a lo que trato en este último libro: la inmensa
posibilidad de variables que entran en juego en cada objeto, de las que
percibimos por los sentidos, de la memoria, o lo que descubrimos como algo
nuevo; lógicamente, la cantidad de variables es inmensa.
Si
tenemos esta apetencia de conocer, ¿por qué en su libro Nuevos paradigmas en la investigación menciona que en las
universidades hay limitación y fragmentación del saber? ¿Eso genera
profesionales con menores capacidades de ampliar sus conocimientos?
Un estudiante depende mucho
de los profesores que tenga. La UNESCO lleva 15 o 20 años insistiendo en que
las universidades tienen una desorientación universal. Para ser más preciso,
muchos profesores tienen una gran desorientación. Si un profesor dice: si usted
desea ser un buen médico, abogado o ingeniero, trate de ganar la vida honestamente
y eso es todo. Pero hay profesores que quisieran dar mucho más y los alumnos
los aprecian mucho y los quieren. Yo no diría que las universidades son así o
de otra forma, sino que hay profesores en esa universidad que son así y hay otros
profesores que son muy diferentes. Todos hemos tenido profesores estupendos
que, ¡caramba!, los recordamos tanto.
¿Qué
puede hacer un profesor para acompañar mejor a los estudiantes?
Tener más conciencia de
nuestras limitaciones. Fíjate que Sócrates nunca enseñó nada. Sócrates todo lo
hacía con la mayéutica, la mayéutica es preguntar. La palabra mayéutica en
griego significa partera. La mamá de Sócrates era partera, asistía al parto de
una señora cuando iba a dar a luz. Entonces, él agarró la imagen: el profesor
es un mayeuta, porque no es el que produce la idea sino el facilitador.
¿Qué
incentivo pueden encontrar los estudiantes para involucrarse con la
investigación y la ciencia?
Yo creo que es una cuestión
de enamoramiento de la persona, que le gusta descubrir cosas. Quizá hay pocas
cosas que sean tan placenteras, tan gratificantes para el ser humano, como lo
que sintió Arquímedes cuando dijo "¡eureka!, la encontré". ¿Sabes el
hecho a qué se debió? La corona que le daba el rey, dorada, se veía muy bien,
pero por dentro tenía mucha plata y el oro era superficial. ¿Cómo hago? ¿Cuánto
le metieron? Entonces él hizo un modelo de pura plata y después otro de puro
oro, modelos pequeños para ver las diferencias. Si le pusieron oro, pesa mucho
más; plata, pesa menos. Entonces, el principio era que todo cuerpo sumergido en
el agua pierde, de su peso, el peso del agua que desaloja, la echa hacia
arriba. Entonces, si tiene la mitad, si tiene tres cuartos... ¡Eureka! Yo creo
que es una satisfacción muy grande, yo diría que hay personas que les encanta
ir descubriendo.
En
sus textos más recientes usted dice que la neurociencia está cambiando el
panorama científico. También razona que una de las cosas más complejas que
puede estudiar el hombre es a sí mismo. ¿Por qué dice esto?
Las investigaciones de los
últimos 50 años con relación al cerebro son algo... ¿Cómo antes se podía
investigar eso? Primero, yo escribí en muchos lugares que el número de neuronas
era 10 mil millones; después, pasaron años y me di cuenta de que había
progresado y eran 15 mil; entonces, cambié varios libros. Después, de golpe,
con nuevos instrumentos, de 15 mil pasaron a 100 mil millones de neuronas. ¡Una
neurona la cantidad de ramificaciones que tiene! ¿Una neurona cuántos peldaños
tiene para que lleve toda la historia del desarrollo, pongamos, de una
guacamaya, de un colibrí, de una serpiente, para que salga todo perfecto? Se calculan 3 mil millones de peldaños. Tú
imagínate una escalera de doble espiral en un punto mínimo que no se ve sin
telescopio electrónico. ¡Tres mil millones de peldaños! ¿Para qué? Para que se
desarrolle precisamente el huevo que está incubando la gallina, que no sabe
nada, pero te sale el pollito perfecto, o nosotros.
¿Recomienda
alguna lectura para estimular el interés en estos temas de la ciencia?
Esto para ti a lo mejor es
interesante: Cosmos, Bios, Theos. Yo
no lo he encontrado en castellano, pero es de un periodista, Roy Abraham
Varghese, y el otro es un especialista, Margenau, que es alemán. Ellos le
hicieron tres preguntas a 60 científicos, de los cuales 24 eran premios Nobel:
¿cómo piensa usted que apareció el cosmos, el universo, según sus estudios, sus
conocimientos?; ¿cómo cree que apareció la vida?, ¿por qué apareció la vida?;
¿por qué, si al principio había vida pero era animal, apareció el homo sapiens,
la inteligencia, la consciencia? A las tres preguntas dedican un capítulo, uno
a cada una.
Perfil del profesor
Miguel Martínez Miguélez
Miguel Martínez, español
y también de
nacionalidad venezolana, es
Doctor en Pedagogía por la Universidad Pontificia Salesiana de Roma con
Especialización en Psicología
Educativa. Está Licenciado en Filosofía, Psicología y
Educación, y su hobby personal lo constituye la Física y la Matemática. Cursó
sus estudios en las Universidades de Turín, Roma, Oxford, Múnich y Central de
Venezuela. Es Profesor-Investigador Titular (Jubilado) en la Universidad Simón
Bolívar de Caracas, en cuya fundación colaboró. Esta Universidad le otorgó
recientemente la Distinción Honorífica de Profesor EMÉRITO (por la “Excelencia
de su Investigación y Docencia”). Actualmente, dicta cursos ocasionales
en el Doctorado en Desarrollo Sostenible (Universidad
Simón Bolívar) y en el Doctorado de Ciencias
Sociales (Universidad Central
de Venezuela). El Dr. Martínez
fue miembro del Programa de Promoción del Investigador (PPI: Nivel Máximo) y
actual PEII, Nivel Investigador- Emérito. Ha sido Profesor
Invitado en la mayoría de las Universidades Venezolanas y varias de EE.UU.,
España, Brasil, México, Argentina, Colombia, Chile, Perú y Costa Rica. Sus
publicaciones son: 22 obras de autoría individual, alguna traducida
también al inglés, y 12 de autoría compartida; a dos de
ellas la
Universidad Simón Bolívar le otorgó el "Premio al Mejor Libro de
Texto", y el "Premio Andrés Bello". Igualmente, ha publicado 112
artículos científicos en 52
revistas arbitradas nacionales
e internacionales, y ha asesorado
32 tesis de postgrado. El Dr. Martínez ha recibido numerosos Premios
Académicos e Institucionales por
méritos de diferente naturaleza.
Página web: http://prof.usb.ve/miguelm/
Víctor Manuel Álvarez Riccio
Caracas, 22 de agosto de 2017